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POR LA IGUALDAD Y LA SOLIDARIDAD

LOS SONIDOS DEL DOLOR

Ya hace cuatro años.  Fue en Madrid, una mañana fría de un 11 de marzo, tímidamente clara casi al despuntar el día, de un día cualquiera, que muchos jóvenes estudiantes y trabajadores que viajaban en ese tren funesto que les llevaría a sus centros de estudios y a sus respectivos trabajos, nunca verían su total amanecer. Ninguno se imaginaba que iban tomar el tren del óbito en donde harían su último viaje en dirección a la muerte. Chavales jóvenes, enamorados, llenos de ilusiones, de ideas, de proyectos... de vida. Obreros dispuestos a comenzar una nueva jornada en sus respectivos tajos de la capital de España como otras tantas, con anhelo, con la ensoñación de realizar esas vacaciones con su familia en su tiempo de asueto correspondiente o hacer realidad esos propósitos al que aspira cualquier trabajador honrado solo con el esfuerzo de su trabajo diario. Pero unas malditas bombas asesinas, crueles, que irrumpieron de repente en ese jueves pálido crepuscular sin que nadie las esperara con un terrorífico estruendo, truncaron para siempre todos los sueños de esas personas sencillas. Ellos pasaron de repente del ruido a la sordina para terminar finalmente en el silencio eterno.
Los estrepitosos zumbidos de las explosiones dieron paso a los sonidos de los timbres de los móviles, entre mezclados con los sollozos del sonido del dolor de los heridos. Una sonoridad aterradora. Teléfonos sonando de personas angustiadas que llamaban una y mil veces para saber de los suyos. Eran sus padres, sus hijos, sus esposas, sus esposos, sus novias, sus novios, sus amigos....Llamadas perdidas, con respuestas tardía de personas ajenas, pero fatales.
En aquel día fatídico, cada vez que sonaba el timbre de mi móvil, un escalofrío recorría mi cuerpo y un nudo en la garganta me hacía imposible articular palabra a través de ese aparato. Porque no podía evitar pensar que a ese tiempo ese mismo sonido reventaba el alma de esos seres indefensos e inocentes que yacían moribundos sobre las piedras cálidas ensangrentadas de aquellos raíles fríos en ese tímido amanecer de un Madrid herido de muerte. ¡Cuánto dolor, cuanta pena, cuanta impotencia, cuanta rabia, cuanta desolación, cuanto sufrimiento...! Y cuanto me habría gustado que todo hubiese sido una pesadilla y haber salido de ese amargo letargo, pero el sonido de las bombas, los móviles y los lamentos de los heridos no dejaban ni tan siquiera coger el sueño. Son los muchos y muchos familiares y amigos de esas victimas del dolor y la barbarie los que fueron golpeados con la mano cruel y despiadada de la realidad tristemente consumada que se despidieron de ellos unas horas antes sin aparentar la proximidad de su irremediable encuentro con la eternidad, los que sufrieron su perdida pero también, junto a ellos, millones de españoles que lloramos  con rabia y dolor su tragedia, nuestra tragedia. Nos asesinaron a ciento noventa y dos personas pero todavía quedábamos muchos millones más que estuvimos y  estaremos ahí, recordando siempre a esas victimas inocentes, repudiando con desprecio las acciones repúgnate de unos seres que no merecen el calificativo de humanos.
Nunca, por muchos años que pasen,  olvidaremos a esas personas porque sus pérdidas nos sirvieron para estar más unidos que nunca y luchar todos juntos contra esos mal nacidos con las armas de las que disponen todo hombre de bien y no con las que utilizan esos cobardes. Esas muertes además nos hicieron amar aún más, si cabe, la paz y para convencernos que España es un pueblo muy solidario y unido, como así quedó  patente. Primero con esas muestras de solidaridad y apoyo que en todo momento demostraron en esos días trágicos y después con esa respuesta masiva que todos los españoles tuvimos el domingo siguiente a esa barbarie inhumana en aquella  cita electoral, como la que hemos celebrado cuatro año más tarde, como homenaje a los fallecidos y en solidaridad con sus familiares, cuyos resultados salidos de esas urnas dilucidaron  muchas cosas.
En aquellos días triste y de tanto dolor que se cuestionaba sobre la autoría de la masacre, a mi me daba absolutamente igual que esa panda de repugnantes asesinos fueran afines a la chapela o que llevaran turbantes. Tanto hubieran sido unos como otros en definitiva eran un grupo de criminales.
Con este modesto artículo  de recuerdo solo he querido tener una muestra de respeto y veneración hacia esas victimas de la cobardía asesina en el cuarto aniversario. Un pequeño homenaje. No he querido, ni quiero, entrar ni mezclar consideraciones o análisis político-ideológico o religiosas. Solo me pregunto, ¿por qué de esa barbarie? Aunque esa respuesta está en la mente de todos. Por eso es una de las cosas por lo que las urnas pasaron factura aquel día catorce.

DE VERGUENZA

El mundo de la gastronomía cada vez cobra más adictos, lo cual indudablemente es bueno. Pero este aumento de nuevos aficionados al yantar lleva consigo que los especuladores de turno saquen partida al movimiento gastronómico. Ahora todos parecen entender de comer y beber, todos se erigen como expertos en esta materia, todos saben de vino, todos saben de cocina... Luego, a la hora de la verdad, resulta que esos entendidos de boquilla lo que demuestran es ser unos perfectos impostores malévolos que lo que realmente quieren es beneficiarse y enriquecerse rápidamente a costa de esta noble y encantadora actividad como es el Arte Culinario. Sí, un arte como otro cualquiera que mueven unos determinados artistas, los de verdad, que casi siempre permanecen en el más absoluto anonimato, mientras que esos nuevos "técnicos" en la materia alardean de ser ellos casi los inventores del asunto, tan sólo porque, compatibilizando con su actividad principal, deciden engancharse al carro. Esto sólo tiene un nombre: intrusismo gastronómico.

Gente sin ninguna noción de hostelería, procedente del espectáculo, de las letras, la política... que todos tenemos en mente, sin tener la más remota idea, ni espíritu, ni vocación por esta digna actividad, se convierten de la noche a la mañana en empresarios hoteleros. Abren cafeterías, cervecerías, restaurantes e incluso hoteles, a diestro y siniestro, creyéndose hábiles conocedores de los entresijos que encierra esta profesión, como si ésta se aprendiese en dos días.
Y muchos de estos flamantes e insólitos hoteleros de tres al cuarto, tienen la cara dura y desfachatez de discutir con los verdaderos profesionales, por ejemplo, sus jefes de cocina o jefes de sala, cuestiones estrictamente técnicas relacionada con su oficio. Y lo peor es que hasta se lo creen ellos mismos, llegando incluso, en muchos casos, al onanismo mental. Lo que supone un auténtico sarcasmo.

Esto es una falta total de respeto a esas miles de personas, mujeres y hombres, que desde muy temprana edad han estado, y están, ahí luchando por este sector, gente humilde y anónima que con su duro trabajo y tremendo esfuerzo siempre en silencio han hecho posible situar a este maravilloso y apasionante mundo en el lugar que le corresponde.

Pero el intrusismo en el mundo de la gastronomía, de esas gentes ávidas de incrementar sus ingresos de una manera rápida, no acaba exclusivamente en suplantar a esas personas fidedignas que se dedican a esto de toda la vida, trabajadores o empresarios, sino que el fisgoneo en este asunto del comer y el beber va más allá. A menudo vemos en determinadas televisiones, algunas de ellas públicas para más INRI, a gente que hace programas de cocina que para freír un huevo no saben si echar antes el huevo o el aceite. O en determinadas tertulias radiofónicas, de conocidas emisoras, solemos escuchar a contertulios que no tienen la más remota idea de los fogones, dar consejos de cocina. Y ya para colmo de la cara dura, por si fuera poco, algunas actrices, que todos sabemos, hasta escriben libros de cocina. Desde luego la desvergüenza no tiene límite.
Verán, este sector, el de la cocina, ya se ha transformado en algo más que una actividad lúdica y festera, aunque también lo es, de un grupo de amigos para celebrar un guiso en el campo o un divertimento para pasar el fin de semana experimentando en casa nuevas sensaciones culinarias, que también lo es y me parece perfecto, o para sorprender a los nuestros con una buena comida, que igualmente lo es también, para convertirse, como ya lo es, en uno de los pilares más importantes que sostienen el turismo. En consecuencia, la gastronomía andaluza es uno de los mayores motores económicos de nuestra tierra. O dicho de otra forma, la cocina proporciona riqueza a Andalucía. Así que imagínense ustedes la importancia que tiene y la que le tenemos que prestar al asunto. No es ninguna broma.

Por eso yo me sorprendo y, créanme, me cabreo te tal manera que el disgusto me dura tiempo, cuando voy a algunos restaurantes y, ni queriéndolo, no lo pueden hacer peor. Una comida bazofia vomitiva repugnante, mal servicio, nefasta decoración ambiental, manteles y servilletas de papel, un pésimo sistema de extracción de humos que cuando sales parece que has comido en la mismísima cocina, una iluminación fatal, una descuidada limpieza en servicios y resto del local, ruidos, y un largo etcétera de despropósitos con los cuales contribuye de manera muy notable a que nuestra gastronomía, siendo como es la más rica e importante de toda España con diferencia, se le desprestigie. Eso sí, los precios sí están y se preocupan porque estén en un buen nivel. Todo esto sin contar la fraudulenta y delictiva utilización que hacen de algunos productos alimentarios, de los cuales citaré, por poner un ejemplo, uno que siendo la mascarilla de proa de la gastronomía lo tiran por tierra y rechazan de plano, como es el aceite de oliva.

Personas e instituciones, públicas y privadas, no cesan de desgañitarse pregonando a los cuatro vientos, con mucha razón, dentro y fuera de nuestro país, que el consumo de aceite de oliva es indispensable para la cocina y para nuestra salud, y luego llegas a algunos locales de esos a los que me refería y solo al pasar por la acera un repugnante olor que emana de las freidoras te hacen retroceder, porque obviamente además de utilizar para freír y cocinar en general cualquier cosa menos zumo de oliva, esa cosa que usan en sus freidoras, la cambian de temporada en temporada, y eso sí la cambian. De vergüenza, vamos. A esto hay que ponerle fin.

Ahora se está dando un fenómeno muy importante que hay que saber aprovechar, que es lo que se ha venido a denominar el “Turismo Gastronómico”, y eso no es otra cosa que hay gentes, tanto los buenos amantes a la buena mesa como los que no lo son, que se desplazan de un lugar a otro de la geografía andaluza y en muchísimos casos del resto de España, solo, y no es poco, por descubrir las excelencias culinarias de ese determinado lugar.

Así que imagínense ustedes si ese “turista gastronómico” acude a uno de esos sitios, mal llamados restaurante, a los que antes me refería, y se encuentran con ese panorama.

La mala calidad de un establecimiento de restauración no solo perjudica al propio empresario que lo regenta, ahí todos salimos perjudicados. Por eso, al igual que se exige determinada documentación, como por ejemplo, de sanidad, de industria, carné de manipulador etcétera para conceder la apertura de un restaurante, se debería exigir también una mínima formación demostrable a la persona que vaya regentar ese local así como a los empelados que prestarán sus servicios. Y si no la tiene que se preocupen por adquirirla durante un plazo de tiempo antes de dar la apertura, porque la administración ofrece los mecanismos necesarios para que una persona se forme en este sector. Eso de decir que “cualquiera es válido para trabajar en este sector” ya va siendo hora que se destierre. Quien esté realmente preparado para trabajar en esto que trabaje si no que antes de hacerlo que se forme y si no que se busque otro empleo.

Si queremos una restauración de calidad y competitiva que además de generar riqueza sirva como imán para atraer mas gente a la zona en cuestión y así proporcionar una mayor y mejor economía, al que le corresponda tendría que ir tomado las medidas oportunas para que las cosas en este gremio de la restauración empiecen a cambiar, se hagan como es debido y no que cada uno campee a su manera. Habría que establecer un sistema policial para controlar a esos incontrolados.

Afortunadamente esos garitos a los que me refiero, que alguno llama restaurantes, no son la mayoría.

Tenemos la dicha de contar con un gran numero de restaurante, de los de verdad, pero esos cuatro elemento, pueden hacerle mucho daño al resto de los que van por derecho.

"POR CADA SEGUNDO MUERE UN NIÑO DE HAMBRE"

 

En esos días navideños, en los que una de nuestras mayores preocupaciones fueron qué íbamos poner en esas cenas o almuerzos pantagruélicos, con las que celebramos cualquiera de esas fechas navideñas, nos debatíamos con cierta angustia por el problema que nos suponía el qué poner para comer. Si cordero o cochinillo, si capón o el recomendado conejo, si rodaballo o mero, si foie-gras o el paté de perdiz, si los carabineros o langostas, si gambas blancas o langostinos, si un poco de caviar o jamón ibérico de bellotas… o, ¡qué narices!, ¿por qué no de todo un poco? Claro, eso es lo más acertado poner de todo, que no falte de nada… más vale que sobre…

Pues, ¿saben?, en aquellos momentos en los que uno de nuestros principales problemas era la compra, por la indecisión y el temor de no encontrar aquellas codiciadas piezas de carne, de pescado, de mariscos… para abastecernos en la mesa de forma desenfrenada, en aquellos precisos momento, en esos instantes en los que nuestra preocupación era esa, en un lugar de del planeta, nuestro planeta, éste, estaba muriendo un niño, menor de cinco años víctima, precisamente, de la desnutrición, de no tener absolutamente nada que llevarles a la boca que les pudiera salvar su incipiente vida.

El pasado 2007 se contabilizó más de seis millones de muertes de pequeños en el mundo víctimas de la desnutrición. Ahí están los datos, no me los estoy inventando, como ese otro a cerca de esos ochocientos millones de seres humanos que padecen hambre e inseguridad alimentaría en el mundo…

¿Se imaginan a ese pequeño implorando un poco de alimento para poder vencer su inminente muerte, mientras su madre impotente y también hambrienta contempla como se va apagando lentamente la efímera vida de su hijo que sostiene sin fuerza en sus brazos hasta el último momento, sin solución?... Pero eso no es noticia. ¡Que triste!, seguro que ningún medio de comunicación, audiovisual o escrito, al iniciar el año, lo reflejará en grandes titulares, ni tan siquiera se harán eco de esos datos. Quizás algún que otro periódico lo refleje en el más recóndito hueco de la página más inadvertida con un pequeñísimo texto de apenas unas escuetas líneas. Y son muertes de niños, jóvenes, adultos, mayores… de seres humanos absolutamente igual que nosotros, que se producen diariamente. Pero, eso sí, por ejemplo, la aptitud delictiva, los amoríos, los devaneos, las inclinaciones sexuales, las divagaciones… la asquerosa vida de algunas folclóricas y sus queridos, acaparan los grandes titulares y todo el espacio que haga falta.

¡Repugnante!

Podría seguir, pero no quiero abusar de vuestra magnanimidad. Ustedes, estimados lectores, ya sacarán sus propias conclusiones. Invito  a la reflexión, a un análisis profundo, de esta triste situación de hambre y pobreza que millones de seres humanos padecen en el planeta mientras que otros nadan en la más absoluta opulencia.

Quizás, entre todos podríamos dar con El Hilo de Ariadna, aunque ya sabemos quién o quiénes tienen la clave para solucionar este terrible y terrorífico problema del hambre y la miseria en el mundo, que no son ni más ni menos que la mayor parte de los gobernantes de este planeta, movido por los egoístas intereses políticos y económicos impuestos por el feroz capitalismo liberal, en manos de las grandes potencias multinacionales que extorsionan a naciones enteras, haciéndolas cambiar de régimen, llevando a los pueblos al límite de la desesperación e incluso a la guerra. Qué triste es pensar que muchas veces el poder, todo él, en vez de preocuparse por este problema del hambre, que indudablemente tiene solución, sea una auténtica mafia organizada, hermética, dispuesta siempre a sacrificar a quien sea, mientras nos dejan juguetear con las ideologías, la libertad, las religiones…¡Ay las religiones!

Por cierto, a todo esto, la iglesia católica podría contribuir, un poco a más, a erradicar el hambre, porque como poder sí que puede. Pues con tan solo una parte de la grandísima riqueza e impresionante patrimonio que esta institución religiosa tiene repartido por todo el mundo, empezando por el suntuoso Vaticano, junto con la buena voluntad, si la hubiera, de los gobernantes de este planeta y otras grandes potencias económicas mundiales dispuesta a contribuir, esos pequeños inocentes no padecerían…

Con este modesto artículo quiero dejar patente mi más enérgica protesta por esa injusta situación, por esos niños que mueren cada año, cada mes, cada día, cada instante víctimas de esa ignominia cruel y despiadada que es el hambre. Y también pretendo con mi escrito que reflexionemos seriamente sobre el asunto en cuestión de cual, al menos este medio, A Fuego Lento, especializado, precisamente, en temas gastronómicos, donde me honro de escribir porque me publica este tipo de artículos, sí se hace eco con el mismo, de que en el mundo cada año mueren seis millones de niños víctimas del hambre.

¡MENUDO PLAN!

Esto va  sobre el Plan de Apoyo a la Familia,  puesto en marcha, con muy buen criterio y buena voluntad, por la Consejería para la Igualdad y Bienestar Social de la Junta de Andalucía, cuya consejera es la iliturgitana (de Andujar) Micaela Navarro.

El Plan de Apoyo a las Familias Andaluzas, puesto en marcha por la Consejería para la Igualdad y Bienestar Social de la Junta de Andalucía, me parece una iniciativa magnífica; cuya idea aplaudo porque, de este modo, se ayuda a mejorar la calidad de vida a las progenies. La administración andaluza ha demostrado con dicho proyecto su sensibilidad y preocupación por ayudar y apoyar a las familias para que éstas puedan desarrollar y desarrollarse en un marco de bienestar e igualdad con respecto al resto de los ciudadanos asegurando una buena estructuración social en el núcleo familiar. Pero para que el mencionado programa tenga el éxito que se le augura, y le deseo, no sólo y exclusivamente depende de la Junta de Andalucía. Ésta hace su parte; la otra la tienen que aportar las propias familias para que dentro de éstas ese plan no beneficie a unos y perjudique a otros –que por lo general siempre son el más desfavorecido e indefenso dentro del núcleo familiar-. Me explico, y aquí es a donde quiero llegar. Dentro de ese ambicioso y extenso plan en cuestión, se contempla una ampliación en los horarios de los Centros de Atención Socioeducativos (CASE) para que las madres y padres puedan así atender sus quehaceres laborales. O sea, que una buena parte, que no todos, dejan a su pequeña o a su pequeño (en muchísimos casos aún de bebé) a las 7,30 de la mañana y lo recogen, o mandan a recoger, a las ocho de la noche. Y así de lunes a viernes, aunque sé que algunas y algunos desearían que ese servicio se prolongara también hasta los fines de semana. Por eso los hay quienes utilizan esos centros privados que denominan ludoteca o como se llame, para los weeknd. Porque claro, los padres “también tenemos derecho a divertirnos los fines de semana”, como he oído decir en no pocas ocasiones a muchos progenitores.

Y otra cuestión muy importante con respecto a la educación de los pequeños, que en verdad es el que nos ocupa, es la alimentación. En los centros educativos los profesionales que prestan sus servicios en tareas relacionadas de una u otra forma con la comida para los pequeños, se esmeran sobre manera para que los niños gocen de una adecuada educación alimenticia que redunde en un mejor y mayor beneficio para ellos. Pero esta poltica, lamentablemente, no la siguen sus respectivos padres en casa. Se tendría que prestar más atención a las recomendaciones de los profesionales que se encargan de este importante cometido y acatar o al menos respetar las indicaciones de éstos a la hora de hacer de comer a sus hijos. Pues es lamentable que en el centro se les inculque un escrupuloso respeto por la cultura culinaria y cuando llegan a sus casas los padres hacen caso omiso de sus recomendaciones. En consecuencia, todo el trabajo, y los grandes logros que se han conseguido con los pequeños en materia alimentaria se van al traste cuando llegan los fines de semana y los pequeños regresan al “cole” y no digamos ya cuando vuelven de un periodo vacacional...

Cuando una pareja decide tener hijos, biológicos o no, con esa decisión se está, o deberían, comprometiendo a algo más que tener un pequeño merodeando por su casa cual objeto con el que divertirse a ratos. Sino que están adquiriendo la gran responsabilidad de educar, en su más amplio sentido, a un ser humano. Y eso es una cosa lo suficientemente seria como para no frivolizar con esta cuestión y tomársela muy en serio.

Por parte de los progenitores, creo que se tendría que reflexionar más a cerca de esos horarios, pues pienso que al pequeño se le está privando de una cosa tan importante y necesaria para su formación emocional como es una relación más intensa con sus padres y por el contrario lo que se fomenta es el desarraigo e incluso una desestructuración de los pequeños. Y no exagero.

Creo que bien merece la pena, por el bien del pequeño, que uno de los dos, padre o madre, o madre o padre, me da igual, desconectara un poco con el trabajo para conectar más con sus hijos. Sí, ya sé que los ingresos diminuirían, ¿y qué? Pero si el precio que hay que pagar por tener una casa con dos plantas, un coche de gran cilindrada, jersey del cocodrilo, etcétera, es la felicidad del chico o de la chica; la verdad, yo preferiría tener un pisito modesto, un cochecito utilitario o un jersey del mercadillo. ¿No creen? 

En el primer trimestre del año 2006 un reducido grupo, por cierto, muy reducido, de padres y madres protagonizaron un lamentable y desagradable incidente en el CASE que la Junta de Andalucía tiene en la localidad jinense de Alcalá la Real, con escenas un tanto agresivas y bien subiditas de tono hacia la directora de esas dependencias, Josefa Entrena una mujer de una irreprochable trayectoria al frente de la dirección, al tener noticia de que dicho centro no abriría sus puertas durante tres días con motivo de la Semana Santa, como históricamente siempre ha hecho. Y al igual que lo hacen todos, absolutamente todos los centros educativos. Porque recuerden señoras madres y señores padres, éste donde están sus hijos es un centro educativo más como otro cualquiera. Ese término con el que se ha conocido estos centros, ya esté desterrado completamente. Aquí no se guardan niños. Porque aquí, por si no lo saben, se imparte un proyecto curricular, acorde a las edades del alumnado, como en cualquier otra institución educativa, donde, por cierto, las respectivas AMPAS jamás han cuestionado ni cuestionan retirar ningún periodo vacacional de Semana Santa, Navidades o verano, a sus alumnos/as. ¿Porque se le quiere negar en cambio ese privilegio a los pequeños de los CASE? O es que para unas cosas conviene que esos establecimientos sean educativos y en otras ocasiones no. Un poco de seriedad, que se trata de la educación de vuestros hijos.

Que el plan sea para beneficiar a todos, incluidos a los más pequeños que también tienen sus derechos, que no se le pretendan sisar. Y entre esos derechos de la gente menuda está el de esos días de vacaciones. ¿O es que también hay que hacer otro plan para los más menudos? Pues entonces ¡Menudo Plan!

EL MOVIMIENTO SE DEMUESTRA...DONANDO

EL MOVIMIENTO SE DEMUESTRA...DONANDO

Este trabajo fue galardonado, por la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, con uno de los premios  de periodismo “Luís Portero” del año 2006. En él plasmo, en primera persona, mi propia experiencia como donante hepático vivo. Fue el primer trasplante de hígado intervivo en Andalucía.           

   El pasado 26 de octubre (2006) se celebró el Día Internacional de las Donaciones de Órgano. Nadie debería quedar al margen, a nadie le debería ser indiferente esta fecha. Es una jornada que no ha de quedar solo y exclusivamente como una efeméride más de las muchas que se producen a lo largo del año simplemente para ser  mencionada en algunos medios de comunicación  de manera baladí,  únicamente con el fin de  llenar espacios en sus respectivas sesiones, como moda impuesta en los últimos tiempos a cerca de  el “día de…” sino no que nos debe servir para hacernos reflexionar seriamente a todo sobre la tremenda importancia que tiene, ser donante de órganos.

   Egoístamente, los que tenemos la fortuna, inmensa fortuna, de estar sanos, nos creemos que eso de las donaciones no va con nosotros porque no nos hace falta. No hay nada más erróneo, ¡que tremendo despropósito!  Nuestra salud, o la de un familiar muy próximo y querido, pende de un hilo, Si hoy gozamos de buena salubridad, mañana mismo podemos amanecer con un serio problema cuya única solución, posiblemente sea un trasplante. Entonces, sí que nos sensibilizaríamos con el asunto,  y de que manera.  Es cuando le encontraríamos sentido a las donaciones, cuando le prestaríamos el máximo de atención, cuando nuestra vida depende de un injerto, cuando necesitamos de manera urgente un órgano.  Por eso, todo  tendríamos que tener el discernimiento necesario para  dar ese paso,  con el cual se le proporcionará a muchos pacientes, que impacientemente esperan ese órgano, pasar de la desesperanza,  a la esperanza de alcanzar un rayo de vida.

   Aunque sí es cierto que cada vez nos vamos sensibilizando más con las donaciones,  porque los andaluces somos gente solidarias y generosas, pero esa sensibilización hay que hacerla patente, materializarla, tomar la decisión de hacernos donante, un gesto, una acción con la que demostremos y nos demostremos asimos que somos capaces de ello,  porque el movimiento se demuestra…donando    Pero con todo,  es encomiable y hermoso  la respuesta que la sociedad andaluza ha dado, y está dando, a la donación de órganos. Porque por una parte,  aumenta de forma considerable el número de personas que manifiestan su deseo de dadivar partes de su cuerpo para  cuando éste deje de tener vida y así salvar a otras. Y por otro lado, cada vez son más los familiares de  personas que pierden a sus seres queridos en un accidente o en cualquier otra circunstancia de manera repentina, los que se inclinan por autorizar la donación de sus órganos.  

   Éste que suscribe, y toda la familia, lo tienen donado absolutamente todo y este escrito así lo corrobora y reafirma públicamente.   La gran labor que hace la propia Consejería de Salud de la Junta de Andalucía y principalmente los profesionales de sus hospitales públicos, además de los colectivos de enfermos y  familiares de éstos, sin olvidarnos, claro está, del importante y determinante papel que los medios de comunicación ejercen a la hora de  concienciar a la sociedad en general, ha sido determinante  para que nuestra comunidad sea una de las regiones españolas, y del resto del mundo, con un mayor índice de aprobación a las donaciones de órganos. Una cuestión de la que todos los andaluces nos tenemos que sentir muy orgullosos.   

   Pero aún así,  siguen  haciendo falta más y más donantes porque en los hospitales andaluces y del resto de España aguarda una larga lista de espera  de pacientes que, hoy por hoy, sufren su dolor, y junto a ellos sus familiares apenados, aguardando con angustia muy pendiente de ese teléfono que les anuncie la aparición de ese órgano tan anhelado capaz  de reavivarles  esa llama de la vida que día a día se les van apagando irremediablemente, mientras sus seres queridos contemplan y participan de ese sufrimiento llenos de congoja, de dolor, tristeza…de impotencia.     Sé lo que es padecer ese suplico, porque lo he vivido.

    Mi hermana Inmaculada, gravemente afectada de una dolencia hepática irreversible, a consecuencia de una larga enfermedad denominada Síndrome de Wilson,  necesitaba un órgano que sustituyera al suyo, tan deteriorado que era prácticamente inservible. Dañado y dañada de muerte.   Tras casi dos años de una angustiosa espera aguardando  ese hígado que nunca llegó, finalmente se debatía en la cama del hospital Reina Sofía de Córdoba contando sus días sin esperanza de vida.    

    Casi dos años en el que la desesperación y la desesperanza formaban una sinergia tritícea y lúgubre muy difícil de superar. Y en medio de esa angustiosa impotencia, a fin de superarla, surgió la idea, la gran idea: un trasplante de hígado de donante vivo, a propuesta de la propia persona que se ofreció a dar la mitad de su hígado, lógicamente, en vida. En principio, todos la vieron como una locura, una temeridad, un disparate porque para ello había que exponer a esa persona  a un peligro en interés de tal propósito. Pero sin embargo, el equipo medico de ese centro hospitalario, que trataban a mi hermana, celebraron y mostraron su total conformidad con esa decisión, ya que no quedaba otra alternativa. Luego, todos se convencieron.  Y los facultativos,  aunque no ocultaron en ningún momento la dificultad burocrática-legal para llevar a cabo esa doble y delicada intervención quirúrgica, sí se manifestaron totalmente partidarios y decididos a emprenderla ante la precaria situación de inmaculada, cuya vida, sujetas por unas frágiles pinzas,  se iba extinguiendo irremediablemente  a paso agigantado.   

   Fue admirable el tremendo grado de interés, de predisposición y de  ahínco para, realizar ese transplante de intervivo, por parte de todo el personal sanitario (incluido médicos, enfermeras, auxiliares…) de la unidad de trasplante hepáticos del Reina Sofía.    Cuando se planteó la posibilidad de llevar a cabo ese tipo de operación, el hospital no contaba con la correspondiente autorización por parte de la Junta de Andalucía para realizarlo. Aunque sí lo tenían solicitado desde hacía bastante tiempo. Pero los médicos mostraron y demostraron su lado más humano y sensible con el asunto. Y para ganar ese preciado tiempo del que Inmaculada no podía perder ni un solo segundo, mientras esa ansiada autorización llegaba, decidieron iniciar el largo y meticuloso  proceso de pruebas medicas al donante para garantizar la máxima de garantía de éxito. Porque, como ya he dicho,  había  un donante capaz de dar ese paso con el que salvar una vida, el mismo, además, que movió todo los hilos, y hizo todo lo habido y por haber, para que se realizara esa intervención.    Y en pleno proceso de los exámenes médico previo a la operación, ya apunto de finalizar, se producía el milagro: la Junta de Andalucía, consciente de la situación y conocedora del caso,   aprobaba esa intervención quirúrgica tan esperada por todos, con su corrspondiente protocolo médico.    

     Ese donante era yo.    El ánimo y el apoyo siempre  calido de mis hijos hermanos, mis cuñados, mis primos, mis amigos, mis compañeros de trabajo, de la radio, del periódico,  mis vecinos, ciudadanos en general… en fin, de todos, fueron trascendentales. Pero la aprobación y conformidad, además del constante aliento,  que en todo momento mostró mi esposa con esta decisión  me animaba a seguir hacia delante con ilusión y con tremendas ganas. Porque la de ella no era una situación fácil con este  tema: se debatía entre su marido y padre de sus hijos y su cuñada.   

    Tras un largo proceso de estudios con infinidad de pruebas médicas bastante exhaustivas  a las que  tuve que ser sometido durante mas de cuatro meses, se llevaba a cabo el 27 de junio de 2002,   la  doble intervención quirúrgica  en el hospital Reina Sofía de Córdoba en la que tomaban parte mas de cincuenta profesionales dirigidos magistralmente por el profesor Pera  en los dos quirófanos dispuestos  a tal efecto. Una operación que duró más de 12 horas.  Para, primero, extirpar  la mitad del lóbulo derecho de mi hígado y luego serle  injertado a mi hermana. Un trozo de mi  órgano que le salvaría la vida, poniendo así fin a esos casi dos años de angustia, de dolor, de padecimiento,  de impotencia, de sufrimiento... Ya lo necesitaba urgentemente, era cuestión de vida o muerte.  El suyo no aguantaba más. Ni  yo. Por eso quise poner fin a ese martirio con mi decisión, de la que nunca me alegraré lo bastante y de la que me siento muy orgulloso, porque con ese paso, a parte de haberle salvado la vida a mi hermana, conseguimos abrir una puerta a la esperanza, a la alegría… a la vida de muchas personas que sufren lo  insufrible en la cama de un hospital,  a la espera de ese hígado que en algunos casos, tristemente,  perecen en esa espera. Porque gracias a aquella fecha del 27 de junio del 2002, y a partir de la misma, que pasará a los anales de la historia de la medicina en Andalucía,  el trasplante de hígado procedente de un donante vivo se puede practicar, y de hecho se realiza (desde entonces, hasta la fecha, se han hecho varios), en nuestra tierra con las máximas garantía de éxito.

    Se llevaba a cabo en Andalucía el primer trasplante de hígado de intervivo.      Hoy,  afortunadamente,  Inmaculada se encuentra muy bien, ha recuperado toda su  vitalidad, su vigor, sus fuerzas. Está repleta de alegría, de ilusión, de energía...de vida. Una vida nueva que ahora puede disfrutar segundo a segundo junto a su madre, nuestra querida madre,  que no se retiró de ella, en sus peores momentos, ni un  instante, excepto durante esas casi trece horas de operación en las que no se puede describir con palabras el sufrimiento y la angustia que durante ese tiempo le embargó: sus dos hijos estaban en los quirófanos consciente del peligro que ambos corrían.    

   He de decir que me siento  muy orgulloso de la sanidad pública andaluza en general que tenemos la fortuna de poseer, en todos los sentidos. Y especialmente ese  hospital Reina Sofía de Córdoba que con su unidad de trasplantes hepáticos se sitúa, por derecho propio, entre uno de los más importantes de Europa. La dilatada experiencia en este campo de su irreprochable equipo humano compuesto por un elenco de auténticos profesionales de la medicina, hicieron que esta pionera intervención quirúrgica saliera, como afortunadamente salió, a las mil maravillas. Todo fue extremadamente perfecto.  

   Por eso, en este Día del Donante  quiero volver a recordar, con esta humilde historia humana, que por un trozo de hígado se puede salvar una vida. Porque al donante no le pasa absolutamente nada. Ya ven,  aquí estoy,  vivo y sano, mas que sano, sanísimo y tan a gusto.  Sí, me encuentro realmente bien, también como antes de la operación, bueno,  ¿que digo?, no, mucho, muchísimo mejor que antes y no hace falta decir porqué.     Así que con este modesto y, porque no decirlo, aleccionador  texto, me gustaría dar, primero, un mensaje de esperanza para esas personas que esperan ser trasplantados y segundo, animar a los familiares a que den ese paso decisivo para donar en vida, como fue en mi caso, un trozo de su hígado para que ese familiar que aguarda ansiada y  deseosamente  tan preciado órgano pueda  seguir viviendo. ¿Habrá cosa más hermosa? No siempre se tiene la posibilidad de poder salvar una vida. Ésta es una gran ocasión para ello. Tu gran oportunidad de hacer vivir a alguien.         

A UN COBARDE

A UN COBARDE

 

Este artículo se lo dedico a todos esos  repugnantes, despreciables, escorias... maltratadores…

 

 Cuando salta una nueva noticia de malos tratos a una mujer me amarga el día. Me  llena de consternación,  tristeza y al mismo tiempo de un enorme cabreo. Esta en concreto, por citar alguna, ocurría hace algún tiempo en Sevilla, en el barrio de los pajaritos.  Una barriada cuyo nombre viene bien para llamar al presunto (¿presunto?) agresor,   un maltratador con antecedentes penales por  varios atracos  a mano armada -un angelito vamos,  que  mas que pajarito yo lo calificaría como una autentica  rata de cañería-   que  mató  de un disparo a bocajarro en la cabeza  a su  a su pareja, una chica de 20 años  -¡20 años!-  mientras sostenía  en sus  brazos a su hijo de trece meses, después de propinarle  una brutal paliza, como  relataba llena de dolor  la propia madre de la victima a Canal Sur. Horrible. 

    Creo que la imagen de ese mal nacido y la de todos los maltratadores en general  debería circular y salir por todas las televisiones,  los periódicos, revistas, exhibirse en lugares públicos, etcétera  para que  la sociedad supiéramos quien son esos seres  abominables dignos de todo desprecio.  

    La joven, jovencísima Susana se sumaba así a esa larga lista  de mujeres asesinadas a mano de sus parejas. ¿Cuándo va a frenar esto? ¿Cuándo se le va  parar los pies a estos cobardes terroristas? ¿Cuándo?  Esto tiene que terminar  ya como sea.

    Mi indignación alcanza cotas que me hacen llegar  al cólera.  La amargura, por este drama por el que pasan tantas y tantas mujeres, me embarga. Es indignante. La justicia tendría que ser más severa con estos sinvergüenzas.

    El crimen de tantas y tantas victimas de este otro tipo de terrorismo debe servirnos  de una profunda y seria reflexión para pensar en  esas otras mujeres que en este momento sufren  enmudecidas ese calvario por el  que estan pasando y que muchas de ellas  puede que termine en un fatal y desgraciado desenlace.

    Y también para que ellas mismas, las que están siendo objeto de ese bestial terrorismo por parte de sus agresores, rompan de una vez por todo ese silencio que las tienen presa.

    Sería  una forma de venerar la memoria de esas mujeres asesinadas,  con toda una vida por delante, con el anhelo de ver a sus hijo crecer, con la esperanza  de que algún día cesaran los malos tratos por parte de su pareja, con sus proyectos, con la ilusión de ver echa realidad sus deseos, con, a pesar de todo, sus ganas de vivir,  con sus sueños.....Pero no, a  ellos se le atojaron truncar  esas vida para siempre. ¡Malditos hijos de puta! 

    Se que no es fácil, que es muy sencillo decirlo aquí. Pero tú, mujer maltratada,  debes armarte de valor y dar ese decisivo paso que te saque de ese infierno en donde estas metida soportando a ese energúmeno. No estas sola, todos, sí también como yo, muchos hombres más, estamos contigo, de tu lado, de tu parte, junto a ti.   

    Afortunadamente existen mecanismos y resortes, ahora incluso económicos, que están ahí para ayudarte.  Hay un número telefónico corto que puede ayudarte a salir de tu largo sufrimiento, con solo tres digito: 016. Llama.   Y además de eso,   aquí estamos, para echarte una mano. Cuenta con mi humilde apoyo.  Pero por favor no te calles mujer, no te calles por más tiempo.

    Me van a permitir que les dedique unos parrafillos  a esas escorias de maltratadores  que  andan  sueltos por ahí, y espero que sea por poco tiempo.

    A ti,  si a ti infame  maltratador.  Te escribo estas líneas para que te lleguen  allí donde esté  -que desearía  de verdad  que fuera en la cárcel-  lleno de rabia, de ira, de coraje, de repugnancia, de impotencia, de dolor... para que sepas que la repulsa hacia esas miserables y mezquinas  acciones que llevas a cabo hacia esa mujer, con tus malos tratos que ella sufre en silencio, ¡ ay maldito silencio!, en forma de porrazos y a golpes de palabras que a veces hacen mas daños, no viene solamente de las mujeres, sino que ya son muchos los hombre los que nos sumamos a la condena de esas acciones criminales. Y para que sepas también que todos te vamos conociendo, que cada vez se va agotando más nuestra paciencia, que no vamos a consentirlo ni permanecemos  impasibles  ante tanta y tanta violencia. Así que ándate con ojo canalla.

    A ti,  que muchas veces has  marcado con tus sucias manos el cuerpo indefenso de tu esposa, tu novia, tu compañera, en definitiva tu pareja,  da igual. Y que muy posiblemente te hayas cebado con ella hasta acabar con su vida.

    A ti,  que todo el afecto lo dejas para esos amiguetes con los que te pones hasta las cejas de cubata en el bar y cuando vuelves a casa  a deshoras las emprendes a golpes con esa mujer que encima te espera para ponerte por delante la cena, mientras tus hijos amedrentados desde la cama   escuchan  aterrorizados como maltratas a su madre.

    A ti, que  no tienes valor nada más que para hacer daño a esa persona indefensa a la que le estas quitando la vida poco a poco, a la que no respeta pero, eso  si, le exiges respeto para ti.

    A ti, este que suscribe, que firma con nombre y apellido, que da la cara, lo que tú no hace,  te digo en tu asquerosa que eres ¡un maldito coborde!